sábado 30 de mayo de 2009

María José Llodrá


Reflejo de su belleza y juventud
Conductora de sus sueños

Con tan sólo veinticinco años, la Jóse, ha logrado muchas de las metas que se impuso al entrar a estudiar Periodismo; participó en un programa de radio, hizo su práctica en el diario El Sur y por estos días es el rostro femenino de “Siempre Juntos”, matinal del canal TVU.

Por María José Pereira Millar *

Alta, delgada, Ágil y risueña; así es María José Llodrá, la promisoria egresada de la Universidad de Concepción, que pasa sus días entre el set de televisión y su casa, en donde prepara aceleradamente los detalles para el 28 de mayo, día en que recibirá su título. No obstante, accede a esta conversación, sin poner límites de tiempo, ni de contenido, abriéndonos por completo su corazón.
Pese a su corta edad a iniciado una carrera que sin duda, promete. Pero ella es más que Periodista, es una mujer completa, que tiene como sueños seguir estudiando y formar algún día, no muy lejano, una numerosa familia.
Nacida el 19 de diciembre de 1978, esta santiaguina, que odia la capital, emigró con sólo días a Arica, ciudad en donde vivían hasta entonces sus padres, los cuales vieron en Santiago sólo un lugar seguro para que su primogénita naciera, pero nada más.

Sus primeros pasos

Ya en el extremo norte de nuestro país, esta niñita dedicó gran parte de su tiempo a jugar y pasear por las playas, pero no ha formar lazos de amistad, como ella misma confiesa. Fue en séptimo básico, cuando comenzó a hacerlo pues debió dejar su lindo Arica para trasladarse a la bulliciosa metrópolis chilena. Ahí fue donde por primera vez conoció la amistad, lo cuál no fue fácil pues en un principio no contaba con la simpatía de muchas de sus similares. Ese año asegura, fue un período de grandes cambios, difíciles de asimilar, y cuando creyó que lo había logrado, el destino la trajo a Concepción.
Fue en la ciudad penquista donde formó su personalidad y su sangre catalana salió a relucir. Y asegura estar feliz de haber estudiado en los Sagrados Corazones, pues fue aquí donde comenzó a mostrar y explotar sus aptitudes.
Con poco tiempo en la capital del Bío-bío, María José supo que su vocación era ayudar a los necesitados, es por esta razón que formó parte de las “Misiones de Servicio”, realizadas por su colegio que consistían en ir a zonas de escasos recursos de la octava región, con el fin de construir

mediaguas y contribuir en darle una mejor calidad de vida a los habitantes de las provincias más pobres. Esta labor la realizó durante seis años, además de eso practicaba gimnasia y como toda jovencita, disfrutaba de la bohemia junto a sus amigas.
Ya egresada del colegio su primera opción de estudios fue Psicología, carrera en que no fue aceptada porque “por una equivocación en las fechas” no rindió las pruebas especiales que en ese entonces pedía como requisitos la Universidad. Así fue como hizo valer su segunda opción que posteriormente se convertiría en su actual profesión.
Desde un principio, tuvo claro que su carrera estaba saturada por lo que se prometió aprovechar cada oportunidad que se le presentara. Así fue como estando en tercer año realizó un piloto, que se convirtió en una serie de doce capítulos, transmitidos por el canal universitario (TVU), luego trabajó en la radio universitaria y finalmente rechazó llevar a cabo su práctica en el diario La Tercera, para realizarla en el diario El Sur. Todo esto motivado por su necesidad y anhelo de tener una vida relajada pues “No me gusta para nada la vida que se vive allá”, refiriéndose a Santiago lugar donde tiene sus oficinas el otro medio.

De los libros a la pantalla

Gracias al piloto que había realizado mientras cursaba el tercer año, aún no terminada su carrera le ofrecieron ser la conductora de “Conéctate”, un programa de corte juvenil que transmitía su actual canal. Su función consistía en presentar vídeo clips y tratar de vez en cuando algún tema de actualidad. Si bien se sentía cómoda y pudo aprender a manejarse con las cámaras y el lenguaje televisivo, el espacio no la gratificaba lo suficiente, razón por la cuál propuso cambiar el esquema, teniendo buena acogida en los directores y productores del programa.
Luego decidió continuar con el curso regular de su carrera y se embarcó en su práctica profesional, en la que tuvo “excelente resultados y gratas experiencias”agrega.
Su llegada al matinal fue inesperada, si bien había escuchado rumores, nunca pensó que se podían hacer realidad. A si fue como un día, estando de vacaciones, recibió una llamada, que tenía como propósito convocarla a una reunión urgente. Y de esto ya hace un año, en donde pasó de ser un rostro juvenil a uno maduro que trata de involucrarse con las problemáticas diarias de las dueñas de casa, claramente su público objetivo.
El matinal, es la experiencia más gratificante que ha tenido, pues asegura le ha permitido entablar mayor cercanía con las mujeres y sentir el cariño que ellas le tienen, dejando completamente descartado la existencia de malos comentarios sobre ella y su labor.
Afirma estar tranquila con su desempeño y no desmiente tener ofertas de otros canales, enfocados principalmente en la realización de un programa de conversación en horario nocturno, sin duda uno de sus proyectos más anhelados.

Sueños detrás de las cámaras

Es evidente que la Jóse disfruta lo que hace, se nota. Sin embargo no hay trabajo que no conlleve sacrificios; y el de ella es el largo y tormentoso proceso de maquillaje, que la hace presa todas las mañanas de polvos, sombras, brillos y labiales, lo que la incomoda, pues “No me gusta sentir la cara tirante, es súper incómodo, pero en fin es necesario”. A parte de eso asegura ser una de las pocas mujeres que no lucha contra los kilos, pues se siente favorecida genéticamente.
Obviando ese tipo de temas, María José es una mujer muy normal, sueña con tener una casa en la playa, casarse y tener una familia numerosa. Siendo este último tema una de las prioridades más grandes en su vida, pues dice tener más necesidad de tener un hijo que de casarse, afirmando que la mayor bendición que Dios le podría dar, es ser mamá.
Pero antes de eso fantasea con poder tener mucho tiempo para hacer lo que le gusta y no necesitar dinero para ello. A pesar de que no requiere mucho para cumplir con su día de lluvia soñado en donde no puede faltar: el pan tostado con mantequilla al desayuno, pollo arverjado al almuerzo y un paseo al aire libre en la compañía de su pololo, sin lugar a dudas “el máximo regalito que Dios me ha dado”.
De esta forma damos término a más de cuarenta minutos de conversación, que no estuvieron ajenos de risas y reflexiones, siendo este último ámbito el más destacable, pues conocer a María José Llodrá, ayudó considerablemente a desvirtuar el concepto de “rostro televisivo”, que es tan peyorativamente utilizado por estos días. Dejando en claro que las personas que trabajan en los medio audiovisuales son tan comunes como nosotros. Sufren, Ríen y lloran, y por supuesto toman Fanta, bebida que amenizó este largo rato, pues “No hay mejor bebida que ésta, bueno exceptuando la piscola”.


Alumna de la Carrera de Periodismo Universidad de Concepción

viernes 24 de abril de 2009

Ernesto Montalba Rencoret


“Manejar el caballo es como manejar un diario”

Criado entre libros este periodista y padre de tres hijos nos abre las puertas del diario “El Sur” y al mismo tiempo nos permite ingresar a aspectos relevantes de su vida.

* Por Katherine Quero S.

“Espéralo un segundo, viene enseguida. Eso sí, te voy a pedir que seas breve”. Luego de esas palabras la asistente personal del director abrió la puerta de una espaciosa oficina y me hizo pasar. En su interior se encuentra un escritorio repleto de libros y fotografías enmarcadas, además de una mesa para reuniones junto a unas plantas decorativas.
Mientras observo la oficina y me preparo para la entrevista ingresa un hombre alto, de traje y corbata combinados. Me saluda amablemente y comenzamos rápidamente nuestra conversación. Debía ser breve.
Ernesto Montalba es un destacado periodista de la zona que ha estado a cargo de la dirección de tres medios: Canal 5 de la Universidad Católica de Concepción, el diario “El Llanquihue” de Puerto Montt y actualmente del diario “El Sur” de nuestra ciudad.

Hombre de letras.

Todo comenzó hace más de sesenta años en Concepción. Hijo de padre agricultor y madre enfermera, este periodista vivió toda su niñez y adolescencia rodeado por una familia que él considera histórica y con buenos legados morales.
Confiesa que además de periodismo quiso estudiar sociología, pero finalmente optó por las comunicaciones y se muestra e conforme con la carrera que eligió. Comenta que se decidió por el periodismo porque le gusta escribir. Su padre era un hombre de una cultura bastante vasta y lo influenció en todo momento. Comenta que en su entorno familiar siempre había buenas conversaciones y bibliotecas, por lo que se sintió cómodo en el campo de las letras.
A pesar de haberse decidido por la carrera de periodismo, nunca tuvo claro donde quería trabajar ni en qué área se quería especializar, simplemente pensó en ser un buen reportero, y sin dudas lo logró.
En su trabajo como periodista recuerda con especial emoción una entrevista realizada al Cardenal Silva Henríquez el año 1974. “Lo entrevisté con respecto al golpe de Estado de 1973, sobre todo lo que había ocurrido y cuál era su visión en tiempos tan complejos y de tanta aprehensión. Me impactó porque creo que era un hombre que sólo después de muchos años fue respetado por lo que predicaba. Fue muy incomprendido en su tiempo.”

Diez años al poder

Luego de 35 años ejerciendo la profesión, Ernesto Montalba dirigía “El Llanquihue” cuando lo llamaron para que tomara el mando de “El Sur”. “Bueno, me siento bastante grato de haber venido al diario. Ha sido un trabajo complejo el hecho de estar en una empresa que cambia de dueño, pero el público dirá, o la opinión pública evaluará si el producto que estamos ofreciendo evoluciona hacia mejores horizontes o no”, comenta.
Sus virtudes, según él, están ligadas a ser una persona alejada del poder, con bastante carácter y que trabaja en forma sistemática. También se describe como una persona impredecible en el ámbito estratégico. Al consultarle por su rutina como director de un medio, inmediatamente expresa un gesto de cansancio y relata cómo son sus días.
Empieza a las 6.30 de la mañana cuando se levanta a revisar los diarios de Chile y el mundo a través de Internet. Llega al diario a las 8:00, elabora la pauta y luego se reúne a las 9.30 con sus periodistas para comentarla. Con el resto de los editores evalúa cuáles serán los temas del día y también revisan cómo fue el trabajo del día anterior. Posteriormente, junto a su equipo, planifica qué van a hacer a mediano y largo plazo y, finalmente, participa en el diseño de la de la portada, la planificación de las grandes campañas y en la línea editorial.

Huaso corralero

A pesar de no tener mucho tiempo libre, siempre encuentra un lugar donde realizar las actividades que le llaman la atención. “Me gusta leer temas sociológicos, temas políticos y de estrategia comunicacional”. La enorme cantidad de libros en su oficina puede corroborar esta afirmación. El libro “De máquinas y seres vivos” de Humberto Maturana se encuentra en el centro de la mesa que rodeamos.
También le gusta la música. Le llama la atención el folklore y sobretodo las canciones de Violeta Parra.
Al hablar sobre sus aficiones no puede evitar mencionar el campo. “Yo fui un huaso corralero”, indica con orgullo. Ya que su padre era campesino, montó desde niño. Participó en rodeos en Arauco, Hualpén, Talcahuano, Los Ángeles y Puerto Montt. Cuenta con alegría que se ganó el rodeo de la prensa e indica que “saber manejar el caballo es una técnica fantástica”.
La última vez que cabalgó fue hace poco tiempo, pero se apresura en contar la historia de su primera montura. “La primera vez que monté fue a los cuatro años y ahora me doy cuenta que manejar el caballo es como manejar un diario. Hay caballos chúcaros a los que hay que amansarlos, quererlos, conocerlos, hacerles cariño y adiestrarlos, igual que al diario. Ahí uno aprende la estrategia, arriba del caballo. Simpático eso.”

Ernesto Montalba es un hombre tranquilo y con muchos años de experiencia. Ha viajado por Norteamérica, Europa, Asia y parte de Oceanía. Maneja el idioma francés y en menor medida el inglés. Se interesa por la cultura y las artes. Sin duda es una persona que nada constantemente entre ese mar de conocimientos.
Al entablar nuestra conversación demuestra paciencia y una gran empatía. Alguna vez él también debe haber realizado una primera entrevista importante.

* Alumna de la Carrera de Periodismo
de la Universidad de Concepción. Realizó la entrevista en el primer semestre de 2008, para la asignatura Producción de Textos Interpretativos.
La fotografía del entrevistado fue tomada por Jocelyn Gatica.

miércoles 15 de abril de 2009

Gustavo Sáez Sáez periodista y hombre de teatro

Comparable con una fortaleza imbatible, el edificio corporativo del diario “El Sur” alberga a uno que otro periodista que debe lidiar con un agotador turno sabatino. En el tercer piso los teléfonos suenan, pero cuesta que alguien conteste. Las salas de prensa, abarrotadas en el ritmo habitual de lunes a viernes, dan paso a uno que otro profesional que cumple tareas extraordinarias. Unos pasos más allá, y el entrevistado emerge de su luminosa oficina.

Por Felipe Besoaín *

Gustavo Sáez Sáez se desempeña como periodista de la sección “Cultura y Espectáculos” hace más de 10 años. Aquel día debió asumir el rol de editor, y como tal, debió coordinar la cobertura a un concierto de unos practicantes. Dos entradas cerca del escenario es el resultado de aquella llamada. Se disculpa, aduciendo que “debe asumir los costos de los imprevistos”. Aprieto el gatillo y se enciende la grabadora.

Un multifacético por naturaleza.

Desde el día de su nacimiento -el 2 de julio de 1937- este hijo único habita los parajes penquistas. Comenta que tuvo una excelente relación con sus padres, los cuales le dieron una crianza bastante normal, comparándolos con algunos símiles en estos tiempos.
Respecto a su educación, declara que su formación pasó por una decisión “bastante ecléctica” de sus progenitores, no arrepintiéndose de aquello. Cursó desde kindergarten hasta segundo básico en un colegio presbiteriano, para luego continuar en 4ta. de preparatoria –cuarto básico- hasta el término de sus años escolares, en el colegio de los Padres Franceses, actualmente Sagrados
Corazones. Durante aquellos años inicia una exploración tan extensa como los colegios que lo albergaron, por diversas disciplinas: fútbol, basketball, ping pong; incluso los tradicionales cross-country, donde comenta con añoranza que “más de alguna de ellas perdió”.
Reconoce, en esos momentos, el gusto por el humanismo. Fue en aquella área sonde pudo concretar diversos proyectos que fomentaban su capacidad creativa y emprendedora. Fue gestor de ferias del libro, una Academia Literaria Escolar, entre otros logros. Sólo en el segundo año de humanidades, descubriría la pasión que lo acompañaría por el resto de su vida: el teatro.
Recuerda con agrado la iniciativa que tuvo su colegio durante sus tres últimos años de enseñanza. La dirección decide contratar actores profesionales, quienes desarrollarían talleres de formación muy similares a los de escuelas profesionales, destacando la rigurosidad y disciplina impuestos.
Grisol Herrera Roberto Navarrete, Eduardo Heide, entre otros. Actores del antiguo TUC, o Teatro de la Universidad de Concepción, serían sus constantes maestros. modelarían a un naciente Gustavo Sáez actor. Agraciado, ya que no tuvo problemas con sus padres en la opción profesional que quería tomar, abordó el primer tren de la mañana, quizás cegado de dónde pondría sus pies algunos años más tarde.

La gran escuela penquista.

Cuando Gustavo Sáez cursaba sexto año de humanidades, Navarrete, su último director en la enseñanza secundaria, le propuso ingresar al naciente TUC. Era el año 1955, y al año siguiente se iniciaba el proyecto del teatro universitario.
La idea era profesionalizar una escuela en nuestra ciudad. Avalada por el rector de ese entonces, David Stitchkin Branover, se cimenta un proyecto de carácter vespertino, con los mejores directores de la corriente universitaria de aquel entonces. Se llegó a decir que el TUC superaba a los grupos capitalinos más tradicionales. Una tarea bastante maratónica, ya que no cualquiera se arriesgaba con un proyecto de tal envergadura, más aún con el apoyo de una entidad universitaria que aportaba capital para aquello. Los matices que lo hacían diferentes era la enorme cantidad de profesionales volcados al diseño de una estructura académica y, en paralelo, de una contundente agenda teatral tanto nacional, como extranjera, con el respaldo de un público fiel. “Fue la única ocasión en que en Concepción la gente ha vivido del teatro”, sentencia.
Desde el 56 al 58, nuestro entrevistado tomaba clases en la universidad. Aunque fue en paralelo, donde decidió optar por cursar estudios de abogacía. Duró solamente un par de años, para cambiar radicalmente sus fichas y apostar por el periodismo, en la misma casa de estudios que lo vio formarse como actor.
Al ser consultado respecto a cuál de estas dos opciones da más frutos, señala categórico que la última carrera estudiada, debido a que “el teatro en provincias, en comparación con el periodismo regional, no es rentable en el sentido de la infraestructura y el apoyo necesarios para levantar una obra y sostenerla con el apoyo del público”, reiterando la idea del TUC. No piensa de igual manera con respecto a la creativa dramatúrgica del actor penquista, ya que, según sus propias palabras, “ha quedado realmente demostrado, y no sólo en las artes escénicas, que éste tiene una capacidad de hacer invaluables composiciones, con un sentido bellísimo”.
Las circunstancias históricas, por todos conocidas, acontecidas en los años 70´s en nuestro país, marcaron la caída de un proyecto, de un ideario, y de tantas anécdotas (ver cuadro aparte) que marcaron una etapa muy importante de su vida. “Esos momentos son imborrables, difícilmente otra disciplina te pueda desdoblar de tal manera, como lo hace el teatro”, comenta con ojos brillosos.

Un actor de lápiz y croquera.

La incursión en el periodismo de, en ese tiempo, inquieto joven, se puede apreciar desde el primer año de carrera. Allí comienza a tomar todos los trabajos que pudieran ofrecerle: reportero, libretista; incluso se posicionó como jefe de prensa.
Su incipiente aparición en los medios, la realizó en la Radio UdeC. Allí permaneció ejecutando diversas labores hasta el año 1973, donde, “por razones obvias”, debieron alejarse de los micrófonos, y por consiguiente, de la universidad.
El forzado cambio de switch lo llevó a desempeñar otra área de las comunicaciones, el diseño de estrategias en las industrias. Allí bosquejó algunas ideas en la actual CMPC, conocida por todos como “la papelera”, en la ciudad de Laja.
Exiguo colaborador de la Casa de la Cultura, dependiente de la recién nombrada empresa, fue siete años después donde recibe una llamada que ligaría irremediablemente con la prensa local.
El diario “El Sur” lo quería entre sus filas. Necesitaban especialistas en la naciente sección de “Cultura y Espectáculos” recién creada, generando mayor cobertura que la que existía en aquel tiempo, dedicada sólo a la escasa vida social de Concepción. Inicialmente desde aquella comuna, el medio le brindó la posibilidad de laborar en nuestra ciudad. Así, comienza una fructífera labor
en uno de los más importantes medios de comunicación regional, donde “primaron las oportunidades económicas, pero se fueron revelando excelentes compañeros de trabajo y un desafío que nunca lo imaginé”.
Son las 13 horas, se detiene la grabadora y, lamentablemente, tanto entrevistador como entrevistado, perdimos la micro.

En mundo en sus manos.

Una de las cosas que Gustavo Sáez nunca imaginaría, eran los continuos viajes que realizó junto al TUC. Ellos lo llevarían a conocer países centroamericanos, como Costa Rica, Honduras y Nicaragua; Brasil y Argentina, en el resto de Sudamérica y, por supuesto, nuestro país.
Con agrado recuerda que, en un viaje realizado al sur de Chile, tenían programada una actuación en Puerto Montt para la noche sabatina que venía. Ellos se encontraban en Puerto Chacabuco, en las cercanías de Coihaique, donde debieron tomar una barcaza que se dirigía hacia el puerto de Lirquén.
Por razones un tanto turbias, no pudieron recalar en Puerto Montt, debiendo hacer sonar todas sus sirenas para que, un grupo de botes, los fuera a buscar cerca de las costas Puertomontinas. Con una cara enrojecida por el acontecimiento de su bajada, llegaron al Seno del Reloncaví con una hora de retraso, pero con la convicción de que “el show debe continuar”.

* Alumno de la Carrera de Periodismo de
la Universidad de Concepción. Asignatura Periodismo
Interpretativo

martes 7 de abril de 2009

Iván Cienfuegos Uribe, Un periodista que no se "Cuadra"

Con 76 años de vida y más de 50 de carrera periodística, el director de El Diario de Concepción, Iván Cienfuegos Uribe, relata detalles sobre su dilatada trayectoria profesional en el ámbito de las comunicaciones. Historias por doquier aparecen a lo largo de su carrera.

Por Cristofer Espinoza *

Fría mañana de junio y Concepción despertaba lentamente. El pasar de la gente era lento, por una arteria que tiene poco transitar. Cochrane con Orompello es nuestro destino. Allí trabaja incesantemente el personal del nuevo periódico de la ciudad, El Diario de Concepción.

Un aviso de bomba alteraba a la recepcionista de la entidad. Informa a sus superiores, quienes pasaron por alto el tema. “Esto siempre va a ocurrir sobre todo en un medio de comunicación”, dice más tranquila.


Primer intento frustrado

En la entrada principal, un gorrión se sienta a esperar junto a nosotros. En la esquina se divisa el avance a paso lento una comitiva importante. Era la plana mayor. Tres hombres y una dama se acercaban a las dependencias del diario. En el centro del grupo se aprecia un hombre moreno, fornido, de chaquetón largo hasta sus rodillas. Presencia imponente, era Iván Cienfuegos Uribe, director de El Diario de Concepción.

A su llegada, nuestra presencia no causó mayor impacto en él y pasó rápidamente a la sala de redacción, para conocer el avance de la edición del día siguiente. La recepcionista contacta a la secretaria para ver si nos podía atender. “Imposible en estos momentos, tiene que ser en la tarde” comunica la funcionaria. Cinco de la tarde fue la hora fijada.

Entrevista a Cien-fuegos

Cuando el reloj se aprestaba a marcar la hora programada, Cienfuegos nos contaba sobre sus inicios. “Yo nací en Santiago un 13 de septiembre 1932, hijo de padre periodista y llegué a la actividad casi por accidente”, precisa.

Comenzó desde muy pequeño a trabajar en el ámbito periodístico como obrero de imprenta en la preparación de tipos en el diario La Ley, de San Antonio. Reconoce que a pesar de ser hijo de periodista –Eduardo Cienfuegos, fundador del Colegio de Periodistas de Chile- en primera instancia no le provocaba mayor interés trabajar en la actividad.

Producto de una enfermedad el dueño de la imprenta porteña -quedó ciego- se hizo cargo del medio. Así fue adquiriendo el roce necesario que implica la disciplina y en 1950 llegó a Las Últimas Noticias (LUN), en donde empieza como reportero policial y termina como director subrogante.

Su paso por LUN, le significó ser reconocido a nivel nacional. En 1965, diario El Sur de Concepción se contacta con él para que fuese su director. Asume el desafío y llega a la capital penquista. Esta etapa de su vida quedó marcada a fuego, ya que conoce a su esposa -María Elena Pinto-, quien el da cuatro hijos.

En su calidad de director de medio y el nivel periodístico que como cronista había alcanzado, fue designado para reportear la guerra en Vietnam, en 1967. Él y Guillermo Blanco viajan al sudeste asiático, centro del acontecer noticioso de la época.

En este capítulo, tuvo una gran suerte. Recuerda que estaban en Vietnam, cuando llega un periodista argentino y dice “ya sabía que había chilenos acá, porque me robaron la billetera”, en tono de broma para entablar conversación. “Qué te crees argentino tal por cual” dijo Cienfuegos, pero mantuvo la calma. Se relacionaron durante un mes con periodistas británicos y canadienses, apoyándose mutuamente, facilitándose información y reportearon juntos.

El último día, ya con el pasaje de vuelta en la mano, se aprestaba a cumplir la última rutina en Vietnam. Su pasaje estaba para las 13:00 horas, mientras que el resto los tenía s para las 15:00. “Reviso el pasaje y digo, chuta no voy a alcanzar a reportear”. No sabía lo que le esperaba. Sus colegas realizaron, en realidad, su último trabajo periodístico. Arriba, cuenta, un oficial del ejército norteamericano y le muestra una fotografía. “¿Conoce usted a esta persona? Si, es Ignacio Escurra, de la Nación de Buenos Aires, ¿qué pasó? . Respuesta. El junto a otros cuatro periodistas fueron acribillados y murieron”, dice el militar. Hoy, en 2008, Cienfuegos lo recuerda como una anécdota exenta de humor.

Fue timonel de El Sur hasta abril de 1977, cuando lo llamaron desde La Tercera para ser editor de suplementos. Fue distinguido por el Colegio de Periodistas, en dos oportunidades, como el mejor en esas tareas. Llegó a ser editor del medio.

Víctima de la persecución política

En el momento que llega a La Tercera, Chile era afectado por un clima político difícil. En plena dictadura militar, resultaba complicado ser cabeza visible de un medio de comunicación, y sobre todo “Si no compartía las ideas doctrinarias de aquel gobierno”, señala.

Cienfuegos se gana la antipatía del gobierno militar, y en especial de Francisco Javier Cuadra, Ministro Secretario General de Gobierno, tras publicar un artículo editorial, en 1984, donde critica el accionar de la Central Nacional de Inteligencia (CNI) al no comunicarle a Sebastián Acevedo, un ciudadano común, el lugar dónde se encontraba detenida su esposa e hijos. Esto desencadenó en la inmolación a lo bonzo de este poblador, en pleno centro de Concepción. Desde ese minuto, el “ministro de la dictadura” puso la mirada en él.

Cuadra encontró la perfecta ocasión de bajar a Cienfuegos, cuando el dueño de empresa La Tercera, Germán Picó Cañas, debía firmar la renovación de créditos con el Banco del Estado. Cuadra ordenó al banco que si Picó no firmaba una carta en donde aseguraba la remoción de Cienfuegos, el crédito no sería renovado. Tras previa conversación con Iván Cienfuegos, el empresario firmó el documento.

Iván Cienfuegos confiesa que no guarda rencor a Cuadra. Si reconoce que su única “venganza” fue enviar una carta al presidente del Colegio de Periodista en su momento, Alejandro Guillier, para que informara al cuerpo académico de la Universidad Diego Portales, casa de estudios donde Cuadra era rector, la actuación de éste durante la dictadura. El documento sirvió como agravante para que el ex ministro fuera removido de su cargo.

Al ser consultado por su postura política es enfático para señalar que “{a naturaleza es tan sabia que colocó el corazón al centro, cargado a la izquierda”.

Tras ser cesado de sus funciones como editor de La Tercera, partió rumbo al extranjero. Ecuador fue el destino. Creó una empresa periodística que produjo una revista. A esta le perdió el rastro sin siquiera precisar si aún está vigente. Luego volvió a Chile como editor de suplementos de El Mercurio. En esta empresa también deja huellas llegando a ser editor general del diario.

Su paso por El Mercurio fue fugaz, ya que al poco tiempo fue reclutado por LUN como subdirector, en donde jubila. Debido a su destacado desempeño, le pidieron que siguiera en el área y fue designado como director del Diario Austral, de Temuco, en donde volvió a jubilar. Luego de eso “Volví a Santiago, me levantaba y quedaba desocupado”, cuando recibió el llamado de la gente de El Diario de Concepción y “aquí estoy”.

Otras pasiones

Además de su pasión por el periodismo, tiene una especial afición tanto por el tenis como por el fútbol. “Aunque me destaqué en el ámbito policial, el tema deportivo no me es indiferente”, señala Cienfuegos quien también fue fundador de Deportes Concepción.

La humildad de este periodista profesional es sobrecogedora. Concluye la conversación con un consejo a los jóvenes en el sentido que aprovechen a las personas mayores, por que ahí está la base de su vida afirma.

Mil y una historias podemos relatar de Iván Cienfuegos Uribe, pero sin lugar a dudas lo que más se le valora es el trabajo que ha realizado a lo largo de su trayectoria por dignificar y mejorar el periodismo.

*Entrevista realizada en 2008
por Cristofer Espinoza

Alumno de Segund0 año de la
Carrera de Periodismo
Universidad de Concepción
Asignatura "Producción de Textos Interpretativos"

lunes 17 de diciembre de 2007

Germán Santana Guerra


Escribir Germán ,de su llegada a Concepción el año 1949, de sus comienzos en la Companía de Gas de Concepción, de su interés por la radio y el periodismo,es tratar de resumir en una página los útimos 58 años de su vida .
Jugador de futbol, mas precisamente arquero, Germán perteneció a la « cuarta especial del Santiago Morning » gracias a su estatura,un metro y 83 centimetros, su agilidad felina,pero aún más su deseo de atrapar el balón, ese deseo de sobrepasarse , ese deseo de competir, hicieron de Germán un muy buen arquero, y al mismo tiempo un adversario de talla para los delanteros del equipo rival.

Desde su llegada a Concepción ,el jugó por el Lord Cochrane y paralelamente comenzó su carrera en la Cía de Gas.
Su gran habilidad manual, la fragua, la soldadura y los fierros no tenían secretos, puesto que habia aprendido de mi abuelo Alberto.
Me recuerdo haber visto obras en fierro forjado, recuerdo haber visto a mi padre atajar tiros penales, siempre decía que la situación de ejecutar un penal era la hora de la verdad entre el delantero y el arquero. Momento de verdad en que la condición fisica era importante pero aún más la voluntad y la fuerza mental.
¿El arquero debe anticipar a qué lado? ¿A ras del suelo o arriba ? Esa era la lógica como arquero, y fui testigo, con mucho orgullo, que funcionaba.

Fue esa pasión por el fútbol que lo empujó a una segunda carrera, Su ingreso a la radio Simón Bolívar comienza una tarde de invierno penquista, Yolanda, mi madre escuchó gracias a una radio « galena » que la radio busca nuevos locutores deportivos.
Con la confianza que lo caracterizó como arquero al frente de un delantero, Germán se presenta a la « Bolívar » allí conoce a Silvino Pulgar padre, también a su hijo ,ambos locutores y excelentes profesores. Es bajo la supervisión de Antonio Jaén Buendía propietario de la emisora, que comienza su pasión de la radio y el periodismo.

El término es muy apropiado, pasión, porque como muchos de ustedes lo conocieron Germán Santana Guerra fue siempre un hombre apasionado, tal vez a causa de su segundo apellido. Perfeccionista, no descansaba hasta lograr su objetivo. El decía que no hay triunfo sin esfuerzo. Les diré que como padre fue exigente pero justo.

Los domingos me llevaba a la cancha y desde la casetas de trasmisión fui testigo del trabajo conjunto ´de Germán y sus colegas:Juan Troncoso, Mario Chandía, Roberto Caqueo, « El maestro »Jaime Olivares, Enrique y Hernán Osses, Jaime Smith , Carlos Munoz y muchos otros que cada domingo llevaban el fútbol a miles de aficionados.

Germán como locutor deportivo se imponía la obligación de describir el partido de la manera más neutra posible ,exponiendo de preferencia los gestos deportivos y las buenas jugadas. Siempre me decía que como locutor, al momento de gritar un gol, era su obligación de hacerlo como si fuera un gol de su equipo favorito. Aprovecho de señalarles que nunca supe cuál era su equipo preferido y hasta hoy dudo si su calidad de profesional le impidió tener uno.
Si bien su pasión fue el fútbol, eso no le impidio describir otras disciplinas. Box, básquetbol, remo, hockey en patines etc. Escribió para el diario « La Patria », y colaboró con otras emisoras, pero su corazón fue siempre fiel a su radio , Simón Bolivar.

Tal vez los penquistas de cierta edad se acordarán de Orlando Santana, hermano de mi padre. Orlando era cantante melodico y locutor de carreras de autos, en fin el microfóno fue la pasión de esos hermanos.

Germán vino a Canadá en dos ocasiones : En su primer viaje volvió a ver a su primera nieta Marie Fernanda y vio por primera vez a su nieto Erick Bernard. Hoy Marie está casada y vive en Michigan State. Erick Bernard es padre de Cedrick y Alexa. Desgraciadamente mi padre escuchó sus voces por telefóno pero no tuvo la suerte de ver a esos dos Santana que comprenden bien nuestra lengua pero se educan en francés.
De sus viajes a Canadá, mi padre se llevó grandes recuerdos : El estadio Olímpico de Montreal; el majestuoso rio San Lorenzo;, las impresionantes cataratas del Niágara; el oratorio de Montreal; el estadio del parque Jarry donde se juega el torneo internacional de tenis de Canadá; Ottawa la capital del país, en fin. Germán fue un admirador de Montreal de su cultura y de su actividad económica.

En los ultimos diez años gracias a los avances de la tecnologia, nos comunicábamos por Internet y nos hablabamos dos veces por semana. Con Germán hablabamos de todo, tanto de Chile como de Canadá y hasta de Estados Unidos teniendo en cuenta que Maria Fernanda vive allá hace mas de siete años. Mi padre seguia laa actualidad internacional pero aún más se interesaba cada vez que equipos de Sudamérica venían por aquí. Especial seguia los partidos de los tenistas chilenos.

Espero, señor Olea, que estos recuerdos muy personales le ayuden y permitan al mismo tiempo de mostrar a los penquistas el lado humano y familiar de mi padre.

Erick Santana, Montreal.

Hernán Osses Santa María


Periodismo Corriendo por las Venas


Su pelo color ceniza y sus pasos lentos, se unen a las huellas que han dejado en su rostro, los 74 años que ha vivido este penquista. Basta con nombrarle periodismo y sus ojos se iluminan, su vocación la lleva a flor de piel, más aún cuando la escuela de la vida, ha sido su mejor maestra.

por Karina Zúñiga Cáceres *

Trabajar todos lo días con la misma pasión de cuando se empezó, es una dicha que pocos tienen, bajo esta mirada, Hernán Osses, se podría jactar de ser muy afortunado, pero su personalidad se lo impide, la humildad que posee es extremadamente palpable, se siente en el bajo tono de su voz, en su mirada insegura, y por sobre todo, cuando dice que no tiene méritos para que lo entrevisten. De todos modos accede, dejando en claro que no tiene la agilidad mental de antaño, a pesar de esto, los recuerdos de su trabajo periodístico están latentes, como si hubiesen ocurrido ayer.
Su madre fue profesora de economía doméstica, en una escuela técnica femenina, hacía tortas, pasteles, bombones rellenos, incluso ganó una exposición de dulces en Concepción, quizás por esto él adora comer chocolates, sin embargo, la capacidad culinaria maternal no la heredó, pues sólo sabe cocinar huevos fritos.
La nostalgia lo hace llorar, cuando va a la tumba de su padre y recuerda lo poco que lo comprendió, le hace mal. Desde muy pequeño le tocó ver sufrir a su mamá, a causa de los vicios de su progenitor, estos tristes recuerdos lo marcan, su voz se estremece y desvía la mirada cuando habla del tema. Las películas tristes también lo sensibilizan, debido a la interiorización que tiene con la técnica cinematográfica.
Su infancia, la vincula con lo impactante que fue vivenciar a los nueve años, el terremoto de 1939, de esta experiencia aprendió a no temerles, por lo que el del sesenta no lo alarmó y mucho menos el último temblor que sacudió a Concepción, a pesar de vivir en un quinto piso.
Al momento de definirse no duda ningún segundo en hacerlo basado en su profesión: “Como un periodista que tiene una larga trayectoria, y que ha tratado fundamentalmente de ejercer la profesión a cabalidad, intensamente, es decir, sin dejar un momento del día y en algunos años, de la noche, de trabajar por el gran placer que produce”.
Cuando joven practicó fútbol, por lo que se entiende que debería disfrutar con este deporte, lo cual no es así ya que goza cuando pierde la selección chilena, pues así le lleva la contra a toda la ignorancia de los cronistas deportivos, no soporta a Mauricio Israel por entrar “por la ventana al periodismo”, sólo porque tiene plata y a Bomballet lo considera un tonto que no tiene respeto por las personas y eso para él es fundamental.

Familia versus trabajo

Una cuadra y media de su casa lo separaba de Sonia Pincheira, una atractiva joven, menor que él, quien cursaba el último año en el Liceo Experimental. Después de egresar comenzó a trabajar en la Secretaría de la Escuela de Medicina de la Universidad de Concepción donde él estudiaba, el destino los unió, se casaron, y ya llevan treinta y cinco años de la mano.
De esta relación nacieron dos hijos, un hombre y una mujer que ya no viven con ellos, están en Valparaíso y Santiago respectivamente, siguiendo por fortuna, como dice su padre, un camino distinto al de las letras, ambos estudiaron ingeniería civil industrial.
Cuando trabajó fuera de Concepción, desplazó muchas veces a su familia, teniendo que asumir el rol de padre su esposa, por lo cual en los últimos años les ha estado entregando el tiempo que les debía. Va a buscar a su señora al gimnasio varias veces en la semana, rotulándose simpáticamente como su esclavo, porque si fuera necesario lo haría en cada oportunidad que ella se lo pidiera.
“ Cuando uno guarda afecto con otra persona, pasan los años y casi una vida entera, la madurez de los sentimientos va mucho más allá de lo que constituye un goce del amor espiritual y físico del otro ser, sin duda va más allá”, con estas palabras describe su relación con Sonia.
Tiene una distancia kilométrica con todo lo que tenga un fanatismo religioso, es católico por costumbre, y por no contradecir a su esposa, así evita disgustos. Piensa que la visión de la iglesia, frente al avance de la tecnología y la civilización es muy retrógrada, y que la sociedad asume las consecuencias de ella. “Aunque fuera un católico recalcitrante, aceptaría el uso de la píldora del día después, la considero una solución no sólo para las violaciones, sino que también para que el mundo no se siga multiplicando y después no haya como alimentarlo”.

Entrega total

A los diecisiete años, comenzó a trabajar en la Radio Simón Bolívar, como una actividad extra a sus estudios, mientras cursaba cuarto año en el Liceo de Humanidades.
Posteriormente ingresó a Pedagogía en Castellano en la Universidad de Concepción, pues era y es, un muy buen lector, que conserva como libro de cabecera El Quijote y goza con las novelas de García Márquez. Su curso era de cuarenta alumnos y eran dos hombres, porque en esa época las pedagogías eran despreciadas por los varones. Llegó hasta cuarto año y como la radio y la prensa escrita lo iban absorbiendo no iba a clases, así que no se recibió. No hace mucho comenzó a tratar de ubicar a sus compañeras, sobre todo las que le atraían más, tomando contacto con algunas.
Hernán siguió, de cierta manera, los pasos de su hermano mayor, ambos abandonaron sus carreras para convertirse en periodistas por vocación, eso si, que reconoce la superioridad de su consanguíneo, al cual admira mucho.
Su desarrollo dentro del periodismo, se consolidó gracias a dos factores, el primero, la falta de diversificación que tenía esta carrera en un inicio, y el segundo, por desempeñar un reporteo arriesgado en etapas políticas difíciles del país, específicamente en la década del setenta, obteniendo ganancias que le permitían sobrevivir, bajo el costo de una tortura que él recuerda como un gaje del oficio.
Se ha entregado a su profesión por entero, reconoce tener una forma inconfundible de hacer periodismo, evitando a toda costa firmar sus trabajos, sólo por el placer que le causa informarse, de que alguien se interese en averiguar quién fue el autor del texto, no obstante, siempre se muestra insatisfecho con lo que crea.
Vivió intensamente su labor como reportero, su casa era el diario, trasnochaba para ver como aparecía la letra impresa, era el editor, diseñaba y hacía los despachos de la publicación, desempeñándose en algunas oportunidades como fotógrafo.
Aún le pesa, no haberse quedado trabajando en el extranjero, viajó varias veces y le ofrecieron oportunidades laborales, como en 1972 en España, durante la dictadura de Franco, donde le pedían como requisito entrar al Opus Dei, eso le pareció absurdo, y no aceptó. También le ofertaron en Panamá donde pagaban muy bien y era bastante atractivo, pero pensó en su familia y sintió el temor al cambio de país, pues se considera un enamorado de su ciudad natal. Hoy, con la experiencia de los años, cree que el sacrificio hubiese traído sus recompensas.
A pesar de su edad, aún se desempeña como docente en la Escuela de Periodismo de la Universidad de Concepción, al parecer su pasión es más fuerte y lo seduce para seguir enseñando.
La incertidumbre de las nuevas generaciones de periodistas y la comercialización de la carrera le preocupa pues se olvidan de lo importante que es la vocación.
Si pudiese retroceder el tiempo y cambiarlo, seguiría una canción de Edith Piaf, quien a su parecer, es la mejor cantante popular francesa de la historia, la letra dice:“Rien, Je ne regrette rien”, “Nada, yo no me arrepiento de nada”, y lo asegura con una gran convicción, a pesar de reconocer algunos pecadillos normales, de los que la gente común se arrepentiría.


* Karina Zúñiga es alumna de la Carrera de Periodismo de la Universidad de Concepción, realizó esta entrevista en 2004.

viernes 26 de octubre de 2007

Armando Lazcano Herrera

“Temible” es la palabra que definió la personalidad de don Armando Lazcano Herrera en la sala de redacción durante los trece años que fue director del diario El Sur de Concepción. Laborioso, serio, enérgico, acucioso, siempre a la búsqueda de lo perfecto en el resultado final del trabajo, las páginas del periódico, lo hicieron ciertamente temible para quienes tenían por esa época una idea diferente de lo que debía ser el Periodismo. Había asumido la dirección del centenario matutino penquista en 1945. Estuvo allí hasta 1958 cuando jubiló. Su mayor gloria, reseñan las crónicas, haber iniciado a través de las páginas del diario una intensa y prolongada cruzada a favor de la regionalización y de la unidad geoeconómica de las provincias del Bio Bio. Una adicional, haber colaborado en la primera línea para que la Universidad de Concepción fundara en 1953 su Escuela de Periodismo, de la cual fue profesor de Formación Profesional hasta poco antes de su muerte. Su hora más gloriosa, el Premio Nacional de Periodismo que obtuvo en 1958.
En 1962 y 1963 llegaba en su silla de ruedas al sótano de la Escuela de Medicina, sede de Periodismo, para dictar sus clases. La entrega de conocimientos la prolongaba, en ocasiones, en su departamento de calle Tucapel al llegar a O”Higgins, hasta donde acudían los alumnos ante el maestro imposibilitado físicamente para llegar al aula.
Don Armando, apelativo con que todos lo distinguían, nació en Valparaíso el 15 de febrero de 1898. Estudió tres años medicina, carrera que abandonó para dedicarse al Periodismo. El Mercurio, al cual ingresó a la sección Crónica en 1926, fue su primer diario. Enseguida asumió la jefatura de informaciones de Las Ultimas Noticias. El año 1934 lo encuentra como subdirector de La Estrella, de Valparaíso. Tres años más tarde regresa a Santiago en calidad de subdirector de Las Ultimas Noticias y La Segunda. Se reconocía de esa manera en Lazcano a un gran periodista.
Fama volat... en 1945 se lo convoca desde Concepción para que asuma la Dirección de El Sur. Arriba junto a su familia, su esposa la señora Emilia Solá Donadeo y sus hijos Armando y Elsa. Su aporte, otorgar una nueva orientación al medio, profundizar su incidencia en las cuestiones regionales, modernizar la diagramación. La simetría fue la novedad que impuso, asimismo el incremento del número de fotografías y la uniformidad de la tipografía de los títulos.
Era una época de golpes noticiosos. El gran rival era La Patria, matutino penquista ya desaparecido. Don Armando no aceptaba golpes. Reportero víctima de ellos era objeto de su ira. Otra razón para temerle.
Previsor el máximo. Carlos Godoy Rocca, otro maestro de periodistas, recuerda a propósito, las instrucciones de don Armando a Víctor Solar Manzano (premio nacional) respecto de estar atento al inicio de la Guerra de Corea para publicar la noticia en portada. Era un tiempo sin satélites, sin CNN ni nada parecido, sólo el cable y la radio. Lo citó cerca de la medianoche en su departamento, Víctor residía en el piso inmediatamente superior, y le advirtió “Yo estaré escuchando la radio norteamericana y si transmite el anuncio de inicio de las hostilidades golpearé el techo con el bastón y diré ¡¡ Víctor, la guerra ha comenzado¡¡. Usted se viste se va para el diario y despacha la noticia, ¿entendió, mijo?”.
Se le atribuían otras simpáticas anécdotas. Como aquella que relata que más de una vez lanzó editoriales escritos en casa, desde la ventana de su departamento, envolviendo con ellos una papa para facilitar que los cogiera al vuelo el auxiliar que los transportaría al taller. Era sabido, igualmente, que desde su domicilio observaba con anteojos de larga vista la oficina de la Dirección del diario dotada de un descomunal escritorio. Más de una vez reprendió a desprevenidos reporteros que habían tenido la osadía de arrellanarse en su sillón en su ausencia.
En Concepción don Armando ejerció una actividad gravitante, tanto que la Municipalidad le otorgó la Medalla de Oro Colaboración al Progreso. Fue presidente del Círculo de Periodistas, del Consejo Regional del Colegio de Periodistas y consejero de la Asociación de Adelanto y Defensa de Concepción (...). Recibió la condecoración de Oficial Caballero de la Corona de Italia.
Un día de abril de 1965, más precisamente el 13, don Armando Lazcano fallece en Concepción. En nuestra calidad de presidente del Centro de Alumnos de la Escuela de Periodismo que él fundara junto a don Rolando Merino, a don Ramiro Troncoso Vigueras y a don Sergio González Monsalves hablamos en el campo santo. Recordamos su bondad, lo que nos enseñó. Muy especialmente aquello que el Periodismo es un apostolado y que como periodistas no ganaríamos mucho dinero pero si llegaríamos a ser inmensamente ricos... en satisfacciones espirituales. Lo afirmaba muy en serio.

Hugo Olea M